February 23, 2024

Aumento de peso durante el entrenamiento para maratón me ayudó a vencer la cultura de la dieta.

El aumento de peso durante el entrenamiento para maratones me ayudó a vencer la cultura de la dieta

Cuando empecé a entrenar para mi primer maratón, sabía que iba a ser un reto físico y mental. Lo que no esperaba era que también iba a ser un desafío para mi relación con la comida y mi cuerpo. Como muchas personas, había estado atrapada en la trampa de la cultura de la dieta durante años. Había pasado incontables horas contando calorías, evitando ciertos alimentos y sintiéndome culpable cada vez que me tomaba un trozo de pastel o disfrutaba de una comida indulgente. Pero cuando me sumergí en el extenuante entrenamiento para el maratón, algo cambió en mí.

A medida que aumentaba el kilometraje y la intensidad de mis carreras, empecé a notar que mi cuerpo estaba cambiando. A pesar de que estaba quemando una gran cantidad de calorías, mi peso empezó a aumentar. Esto me asustó al principio, ya que la cultura de la dieta me había enseñado que el aumento de peso era algo malo, algo que debía ser evitado a toda costa. Pero a medida que continuaba con mi entrenamiento, empecé a darme cuenta de que el aumento de peso no significaba necesariamente que mi cuerpo estaba “fallando”.

En lugar de sucumbir a la presión de la cultura de la dieta y tratar desesperadamente de perder peso, decidí cambiar mi enfoque. En lugar de centrarme en mi peso o en mi apariencia, empecé a enfocarme en cómo me sentía. Me di cuenta de que mi cuerpo necesitaba más combustible para mantenerse al día con mis entrenamientos exigentes. Empecé a comer más, asegurándome de que estaba consumiendo suficientes proteínas, carbohidratos y grasas saludables para alimentar mi cuerpo y potenciar mi rendimiento. En lugar de ver la comida como el enemigo, empecé a verla como mi aliada.

A medida que aumenté mi ingesta de alimentos, también noté cambios en mi rendimiento. Me sentía más fuerte, más enérgica y más capaz de afrontar los desafíos que se me presentaban en mi entrenamiento. Mis carreras se hacían más fáciles, mi tiempo de recuperación se reducía y empecé a ver mejoras significativas en mi resistencia y velocidad. Fue un recordatorio poderoso de que la comida no era el enemigo, sino que era esencial para alimentar mi cuerpo de manera óptima.

A medida que me acercaba al día de la carrera, me di cuenta de que mi perspectiva sobre la comida y mi cuerpo había cambiado por completo. Ya no estaba obsesionada con mi peso o con lo que comía. En su lugar, me preocupaba más por nutrirme adecuadamente y cuidar de mi cuerpo para que estuviera listo para el desafío que se avecinaba. Estaba dejando atrás la cultura de la dieta y abrazando una mentalidad más positiva y equilibrada en cuanto a la comida y la forma física.

El día de la carrera llegó y a pesar de mis temores iniciales sobre mi aumento de peso, me sentía lista para el desafío. A medida que recorría los 42 kilómetros, me di cuenta de cuánto había cambiado mi enfoque. Ya no me preocupaba por mi apariencia o mi peso, sino por disfrutar del viaje y dar lo mejor de mí en cada paso. Cruzar la línea de meta fue una experiencia increíble y me sentí increíblemente orgullosa de lo lejos que había llegado, no sólo en términos de forma física, sino también en términos de mi relación con la comida y mi cuerpo.

Después de la carrera, me di cuenta de que el aumento de peso durante mi entrenamiento para el maratón había sido un regalo disfrazado. Me había liberado de la trampa de la dieta y me había enseñado a escuchar a mi cuerpo, a nutrirlo adecuadamente y a honrar su increíble capacidad para el rendimiento. Ya no me sentía atada por las reglas estrictas de la cultura de la dieta, sino libre para disfrutar de la comida y del movimiento de una manera que me hacía sentir fuerte, saludable y empoderada.

Hoy en día, sigo corriendo maratones y disfrutando de una relación mucho más positiva con la comida y mi cuerpo. Ya no me preocupa si gano o pierdo peso, sino que me preocupo por dar a mi cuerpo lo que necesita para prosperar. Al liberarme de la cultura de la dieta, he sido capaz de abrazar una mentalidad más saludable y equilibrada en cuanto a la comida y la forma física, y me siento más feliz y más saludable que nunca.

El aumento de peso durante mi entrenamiento para maratones me ha enseñado que la cultura de la dieta no es más que una mentira dañina que nos impide disfrutar de una vida plena y satisfactoria. Al abrazar una mentalidad más positiva y equilibrada, he sido capaz de liberarme de sus garras y vivir la vida en mis propios términos. Y por eso, estoy eternamente agradecida.

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